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ENTRE LINEAS

El Amor o lo que sea, como no...

Atrapado

Atrapado

Navegaba sin rumbo fijo por este, a veces, oscuro y proceloso mar de ‘bites’ que es “La Red” cuando el viento y la marea me llevaron hasta tu puerto de aguas mansas y claras. Ahora estoy aquí. Atrapado. Sin poder (¿o querer?) salir de él. Tendrás que ayudarme a encontrar ese camino de vuelta que no se si quiero conocer.





¿Sabes? El viento me está susurrando que, tal vez, debiéramos aprovechar la corriente que nos es favorable para encontrarnos y saber algo más de nosotros… quizá hasta podemos navegar juntos.

No es obligatorio.

No es obligatorio.

Hace unos días conversaba con un conocido por el messenger, de sus andanzas “amorosas” con las internautas que contacta a través de “La Red”. Me comentaba lo desagradable que le había resultado su última aventura con una de ellas. El “modus operandi” de mi conocido es más o menos el que se estila en los varones que nos movemos en éste mundo. Contactas con una persona del género femenino, percibes que te atraes por las conversaciones a través de irc, yahoo o similares, luego viene el intercambio de fotografías (generalmente las de “los domingos"), números de móvil para tantearse la voz (no vaya a ser que haya incompatibilidad de susurros) y, finalmente superadas las anteriores pruebas, el encuentro físico. Ese es el circuito que recorrió mi interlocutor hasta justo antes de la hora de la verdad. Al ser de distintas ciudades y bastante equidistantes quilométricamente hablando, se desplazó cual caballeroso varón hasta la ciudad de la presunta dama. Concretamente quedaron en el domicilio de ella.

“Estaba algo más llenita que en las fotos” me dijo.
“Suele ocurrir después del verano. Se dejan un poquito”
“Pero eso no fue lo peor, cuándo se acercó para darme un beso en los morros, percibí cierto olorcillo desagradable”
“¿A cenicero?”
“Mucho peor. Tenía halitosis”
“Bueno, hombre, le habría sentado mal la comida ¿No exageras un poco?”
“Más que sentarle mal la comida, por el olor que hacía, parecía que se le hubiese podrido el desayuno y la cena del día anterior además de la comida”
“Eso se arregla con una buena friega de dentífrico”
“Si, eso me pareció a mí, pero ahí no acabó la cosa. A su problema de mal aliento hubo que sumarle, mejor dicho, ‘expulsarle’ otro”
“¿A qué te refieres?”
“Pues que, al acabar la cena, lanzó un sonoro (y halitoso) eructo”
“Hombre eso hasta puede ser saludable. Muchos médicos aconsejan eructar después de las comidas porque eliminas todos los gases”
“Debe estar sanísima entonces. No paró de expulsar gases por cualquier orificio de su cuerpo en cinco minutos. Si llegan a oírla y, sobre todo, olerla los de medio ambiente, seguro que le ponen un control para ver el índice de contaminación que desprendía”
“¿Y tú que hiciste? ¿Te fuiste?”
“Nada. Ya que estaba ahí y que habíamos quedado en su casa, me quedé. Además, ya habíamos levantado expectativas con los contactos en ‘La Red’”
“¿Me vas a decir qué te fuiste a la cama con ella? ¿Y no te salieron sarpullidos?”
“La verdad es que la situación no era muy sensual e incauto de mí, pensé que mejoraría al irnos a la cama. Pero empeoró…”
“¿Empeorar? ¡Me estás asustando!”
“Si, empeoró. Cuando pasamos a su habitación y se empezó a desnudar, ví algunos pelillos clavados en sus axilas”
“Eso si que ya es grave ¿Te fuiste, verdad?”
“No que va. Ya que estaba allí me pareció que abandonar era hacerle un feo. Y una vez puestos…”
“Había que cumplir ¿no?”
“Hombre tanto como eso, no. Pero, claro, después de tantos meses de hablar y esperar el encuentro, me daba un ‘nosequé’ el no retozar con ella. Pero no pude cumplir a la primera. Tuve un gatillazo…”
“Con esas perspectivas no me extraña… ¡ Menudo panorama ¡ “
“… Así que apagué la luz, me harté de alcohol y, al final tras dos intentos fallidos, rayando el alba, se consumó…”

El epílogo es de suponer después de aquél “cuasi” escatológico encuentro. No ha vuelto a comunicarse nunca más con ella. Cerró todos los canales de comunicación posibles para no volver a caer en la tentación.

Y es que hay quién no se entera que copular con alguien no es obligatorio.

Los méritos del amor

Los méritos del amor Estuvimos conversando sobre castillos, princesas y caballeros. Montados a la grupa de nuestras palabras, recorrimos los arrabales de una ciudad de fantasía sin atrevernos a traspasar su puente levadizo que permanecía franco para nosotros. Era algo tarde y obligaciones mundanas que debíamos realizar al día siguiente o, mejor dicho, en las horas siguientes, nos arrastraron hacia nuestros aposentos convertidos, aún, ella en princesa y yo, en caballero. Creo que hoy es un día especial para ella, “en cuarenta y ocho horas”, me dijo. No se si acierto en el plazo, pero seguro que me sabrá disculpar este pequeño desliz con una sonrisa que es, en definitiva, lo que busco con el cuento que dejo hoy como… regalo.


“Érase una vez una princesa que estaba muy triste porque nadie llenaba su corazón. No es que le faltasen pretendientes ya que era una princesa bella y su reino, próspero. Pero tal vez por eso, por ser bella y rica, desconfiaba que el amor de quién a ella se acercaban fuese sincero.





Un día pasó por el reino un hombre que dijo estar cautivado por ella, y así se lo confesó, "pero soy pobre". La princesa quería una prueba de aquél amor tan pronto confesado a lo que el hombre le dijo: "Como prueba de que mi amor es verdadero, pasaré bajo vuestro balcón sin moverme, 100 días con sus respectivas noches, sin comer, ni beber. Mi alimento será veros y vuestra sonrisa calmará mi sed".





Y así fue. Día tras día aquél hombre permanecía sin moverse bajo el balcón de la princesa. Sólo le cabía mirarla y percibir su sonrisa para permanecer un día más. Así uno tras otro hasta el día 99. Los vasallos se alegraban porque la princesa, por fin, había encontrado a un hombre que la amase. Pero hete aquí que, cuando faltaba una hora para que se cumpliese el plazo de los 100 días, el hombre recogió su hatillo y se fue de allí. La gente, extrañada por la actitud del hombre al que tan poco tiempo le faltaba para casarse con la princesa, le preguntó el porqué abandonaba. Él, con semblante triste, les respondió:


"Una mujer que no es capaz de ahorrarme ni una hora de sufrimiento es que no merece mi amor".


Silencios

Silencios Cuando pienso en lo larga que es la espera en silencio;


Cuando presiento lo cerca que está la desesperanza mientras enmudezco;


Cuando veo que cada minuto que pasa está acompañado de una forzada pasividad;


Cuando miro y solo consigo ver sombras;


Cuando necesito oír palabras y el mutismo es dueño…


En ese momento nace el miedo;


En esa décima de segundo se incuba el desasosiego;


En ese instante, infinito, empieza la desilusión y con ello advierto como, poco a poco, se apodera de mí un vacío inmenso que consigo llenar únicamente de soledad.

Botones secundarios

Botones secundarios Hago "clic" sobre el botón secundario de mi ratón tal y cómo me indica la flecha que he situado sobre un espacio vacío.


"No admitir". Una de las formas de comunicarse con el usuari@. Un eufemismo de este mundo virtual.


Ahora, "Herramientas". Cuando se desplega el menú, pincho sobre "Opciones". Luego en "Privacidad", buscando ese espacio vacío. Ahí está.


Nuevo "clic" sobre el botón secundario.


"Eliminar". He tardado treinta segundos en completar la operación.


En mi mente tardaré algo más en eliminar ese espacio vacío. No tengo botones secundarios.

¡¡ Pero qué divertido es el amor !!

¡¡ Pero qué divertido es el amor !! Érase una vez (y muchas) un hombre que cuando se aburría se enamoraba. En sus horas libres, que eran pocas, sentía la necesidad de desplegar su amor en alguna mujer. Como era un hombre de muchos recursos, inteligente, simpático y atractivo, las mujeres para enamorarse no le faltaban. El enamoramiento le duraba lo que le duraban sus ratos de ocio así que, como eran pocos y de corta duración, siempre se encontraba en aquél estado pasional de los comienzos del amor. Durante los largos períodos de actividad laboral, semanas, meses, a veces hasta años, el hombre ya no se acordaba de la enamorada que había dejado prendadita de sus encantos, así que tenía siempre que empezar de nuevo con la conquista de un nuevo amor. Pero no le importaba porque, lo que en realidad le gustaba, era seducir y ser seducido, sentir la pasión, el vértigo del juego porque, para el amor, ya tenía a su pareja en casa.

El valor del Amor

El valor del Amor Era un hombre que valoraba mucho el Amor que tenía. Lo valoraba tanto que no paraba de trabajar para acumular riquezas y así poder mantenerlo. Siempre que el Amor hablaba con él le decía: “No podemos salir a cenar Amor, tengo una reunión de trabajo” o “Es imposible que salgamos este fin de semana Amor, tengo mucho trabajo que debe estar acabado el lunes”. Hasta que un día el Amor lo abandonó.

La Gata

La Gata




Ella te ideó para trasladarte a un lienzo. A pesar de parirte frágil y escuálida te envió a tierra de
volcanes estrombolianos
, lo que te imprimió un carácter de sobreviviente. Allí te encontré y enseguida supe que había sido Ella quién te había enviado. Tu mirada, mezcla felina y suave tantas veces imaginada por mí, no me fue extraña. Quise llevarte conmigo pero no supe o no pude cogerte. Eras el holograma de un sueño.


Píntame un sueño

Píntame un sueño Querías pintar tu sueño,
“naturaleza salvaje” sobre mi piel, dijiste
Te dejo hacerlo realidad a cambio de que pintes el mío.
Tu autorretrato.

¿Nos enlazamos?

¿Nos enlazamos? No le estoy pidiendo en matrimonio a nadie que, con uno, ya he tenido suficiente. Simplemente lo que demando es reciprocidad de trato. Igualdad en la relación. Enlazar o, para los y las aficionad@s a los anglicismos, “linquear” (va con “k” ¿y qué? :-PP) significa que añaden la dirección de tu página o páginas en ajenas. Para introducirse en la lista de casa extraña hay varios métodos. El más usual es el que tácitamente se establece entre visitante y visitado. Se visita una página y, si esta te gusta, te la añades a los enlaces. A continuación, el enlazado o enlazada, debe saber que ya es inquilino de tu página y obre en consecuencia es decir, que actúe a la recíproca. No es muy elegante escribirle directamente “que te he enlazado y ahora te toca a ti” y, en general, no se actúa así. Normalmente el vinculado o vinculada se da cuenta si visita asiduamente la página donde figura y, en un alto porcentaje, te incluye en la suya … aunque luego tenga que hacer verdaderos ejercicios de memoria para saber en qué lugar te encontró. Pero hay un pequeño grupo que, aunque se sepan ligados, no te adicionan a su grupo de destacados y destacadas. Vamos, que te ignoran olímpicamente. No se si es por puro despiste. O porque no te consideran lo suficientemente apto o apta para figurar en la que creen una lista de privilegiados y privilegiadas o, sencillamente, obedecen a unos principios de selección no suficientemente entendidos por el resto de los “desenlazados y desenlazadas”. Lo cierto es que cuesta entrar en ese círculo de hierro. Confieso el que me fastidia el que al o la que tengo una consideración no la tenga conmigo.





Finalmente hay otro grupúsculo que practican el “spam vinculativo”. Página que visitan, página que solicitan, con más o menos gracia, ser enlazado o enlazada. Da igual que la página trate sobre la cría del cangrejo guaraní, la vida sexual de los calamares, de cocina, política o el apasionante tema de la reforma estatutaria de las comunidades autónomas. Tanto da si uno o una es añadido a la lista. Podría pensarse que l@s solicitantes tienen su página repleta de los vínculos más variopintos. Nada más lejos de la realidad. Piden matrimoniarse virtualmente pero ell@s permanecerán solter@s. Si es que se están perdiendo las reglas de la cortesía.

Un recuerdo y un regalo




No nos da risa el amor cuando llega a lo más hondo de su
viaje, a lo más alto de su vuelo:
en lo más hondo, en lo más alto,
nos arranca gemidos y quejidos, voces de dolor, aunque sea
jubiloso dolor, lo que pensándolo bien nada tiene de raro, porque
nacer es una alegría que duele.





Pequeña muerte, llaman en Francia a la culminación del abrazo,
que rompiéndonos nos junta
y perdiéndonos nos encuentra
y acabándonos nos empieza.


Pequeña muerte, la llaman;
pero grande , muy grande ha de ser, si matándonos nos nace.

Eduardo Galeano

Dame una hora

Dame una hora Hay personas, no muchas, que tienen la fortuna de probar, en algún momento de sus vidas, el fulminante sabor de la pasión completa; que llegan a conocer el éxtasis de una hora de verdadero amor, el glorioso tiempo de la carne.


Hay personas, no muchas, que se han mantenido desde la niñez cerrados como presas, conteniendo en su interior un secreto caudal de sentimientos; y si estos individuos logran algún día abrir sus compuertas roñosas, si llega el momento doloroso y feliz en que se rinden, la abundancia de emoción es de tal magnitud que el mundo se sumerge en un maremoto.


No hay mayor prodigio natural que el amor desmedido de quien nunca antes se ha atrevido a amar...

El Camino




Veo una curva en el camino y pienso si tras ella habrá un abismo o nuestra morada. O tal vez sólo continúe la vía.


No lo sé, ni quiero preguntártelo ¿Para qué? Tengo suficiente con andar por él contigo y, mientras lo hacemos, ver la ruta que hay antes de aquél giro. Y es que de nada nos serviría mirar hacía otro lado o hacia lo que no vemos.


Me importa el lugar dónde nos encontramos, hay mucha belleza en él y es aquí dónde deseo estar. A tu lado.


Si algo nos espera más allá de la curva del camino y decidimos llegar ahí, al llegar lo descubriremos. Pero por ahora tan sólo sabemos que ahí es dónde no estamos, porque no hay más camino que el de antes de la curva y, antes de esa curva, en la ruta que tu y yo tenemos, no existe curva alguna.

Selectividad

Selectividad Andaba a primera hora de la mañana camino de mi despacho pensando en la confluencia de selectividades que se dan estos días, que si las agotadoras pruebas de acceso a la Universidad dónde, en tres días miles de jóvenes han de corroborar doce años de aprendizaje en parvulario, Primaria, Eso y Bachillerato; que si los etarras han excarcelado de su macabro “corredor de la muerte” a los políticos electos; que si en Galicia andan seleccionando con mimo hasta la última papeleta de los emigrantes, que si los de "Operación Triunfo" versión Tele 5 andan seleccionando a los futuros iconos de nuestros y nuestras adolescentes …


En esas estaba cuando, como cada día a las ocho y cuarto, ella, que espera la llegada del autobús escolar, me abrió el portalón de la entrada al edificio. Nunca le falta esa sonrisa que me alegra el alma. Siempre con ese olor a límpio con que la acicala su madre. Regalándome ese saludo sentido de “buenos días”. No se ni cómo se llama ni qué edad tiene. No se si alguna vez escuché su nombre pero se que, los que nos autodenominamos buena gente, decimos de ella “afectada por el síndrome de dowm” y “subnormal” los menos agraciados intelectualmente poniendo, eso si, cara de pena y apostillando siempre “la pobrecita”. Abrí la puerta del despacho y fui saludado y saludé con una especie de mueca-gruñido proveniente del despacho de mi secretaria.


Eso me hizo volver a la realidad y, con ello, a la tristeza de espíritu mientras me preguntaba: “¿Y a nosotros qué sabio nos seleccionó en el grupo de los humanos?”.

El mejor gobierno

El mejor gobierno Esto de acertar en el mejor gobierno para un país no lo encuentro tan complicado. El saber qué equipo aplicará la mejor política económica, quién se acercará más al estado del bienestar, no es tan difícil. Quién o quienes nos procurarán o acercarán a la trilogía de la vida: "salud, dinero y amor" es tarea sencilla. Me explico. Cuando se hacen públicas los resultados de las principales empresas españolas, año tras año, ejercicio tras ejercicio, invariablemente desde su fundación, podemos ver o escuchar que "El Corte Inglés", esos grandes almacenes, incrementan sus beneficios con respecto al año anterior. Este, ni más ni menos, que un 30%. Y pensar que nuestro País se da con un canto en los dientes con incrementar el P.I.B. en un 3%.


No, no soy un ser materialista y no solo pienso en los resultados económicos. Se que son importantes la salud y el amor. También eso nos lo solucionan los grandes almacenes, porque ¿quién ha pasado frío o calor en el interior de cualquier sucursal de "El Corte Inglés", sea verano, otoño, invierno o primavera? ¿quién no ha encontrado un ambiente saludable en cualquiera de las dependencia de los almacenes ? Como mucho algún que otro resfriado, pero nada más. Lo del amor ya es otro cantar, pero con la despensa y el bolsillo llenos y sin necesidades de "Viagra" inmediatas, el amor debe venir por añadidura. Así pues, como corolario, debemos cambiar nuestro gobierno por el Consejo de Administración de "El Corte Inglés" que es el que, hoy por hoy, nos acerca más al "Mundo Feliz" y quién cubre nuestras necesidades con abundancia.


Y cuando digo que nos debiera gobernar el consejo de administración de "El Corte Inglés", es a modo de ejemplo. No es que haga proselitismo de esos grandes almacenes o que les tengo un trato de favor. No. Se podría arbitrar un sistema muy simple. Nada más nos tendríamos que poner de acuerdo en elaborar una lista de las principales empresas del País y, aquella que tuviese mayores beneficios económicos, sería su consejo de administración o los gestores de la misma quién nos gobernaría. ¡¡La cantidad de problemas que ahorraríamos!! . De entrada el ahorro del gasto electoral, que no es poco, aparte del "bombardeo" propagandístico de las diferentes opciones políticas. Y no quiero ya ni pensar, hablando de política, de los señores que la hacen... ¡¡¡ que descanso !!!.


El modelo propuesto tiene el valor añadido de que es exportable a todos los países del Mundo, con lo que al tener similares sistemas de gobierno, no tendríamos los sobresaltos cuando al Sr. Putin le da por rescatar rehenes en teatros y devalúa el rublo o cuando a Bush le da por montar una guerra en cualquier lugar del planeta. Al final, haciendo desaparecer a todo esa fauna política, además de favorecer a los mortales que somos nosotros, ellos también saldrían ganando porque se dedicarían a lo que en realidad saben hacer. Nada.

¿Y tú qué vendes? (primera parte)




Estamos en estos lugares mal llamados "virtuales" porque, nos guste o no, tenemos algo que vender y esperamos obtener por ello un precio. No es dinero lo que queremos a cambio. Al menos no es esa la finalidad directa de nuestra venta aunque, el papel moneda, acabe apareciendo en un momento u otro.


Como el medio lo permite, exponemos nuestros productos como si lo estuviesen en las vitrinas de cualquier supermercado. Para conseguir la transacción utilizamos unas técnicas de márqueting (Lo se. Odio las "k" excepto en mi ropa interior) rudimentarias, pero muy efectivas.


La primera de ellas es ofrecer sexo. El propio y el ajeno. Estas páginas ofertadoras de sexo son las más visitadas, laureadas y comentadas y sus autores y autoras, los y las más adjetivadas como sensuales, valientes e, incluso si la letra que acompaña a las imágenes tiene cierta coherencia en la exposición, inteligentes. Cuanto más explícito sea el sexo, mejor. El sexo es algo que se vende mucho, siempre hay compradores y compradoras para el sexo. Compradores y compradoras ávidos y ávidas de buscar una justificación literaria a un instinto, por lo demás, de lo más natural. Tan necesario como el comer pero, les parece que escondiendo tras las palabras esa exigencia corporal, estarán mejor vistos.


Algo más complicado es saber qué esperamos obtener cuando mercantilizamos el sexo. Apuntaré algunas posibilidades.


En el momento que mostramos en alguna imagen alguna parte de nuestra anatomía que permanece normalmente oculta en las relaciones sociales de nuestra vida física o bien, imágenes en las que nos estamos haciendo un autohomenaje es decir, masturbándonos, se busca además del morbo que nos produce exhibir nuestro propio cuerpo y que éste merezca el aplauso público, se busca además, atrapar mentes. Si, habéis leído bien. Atrapar mentes. La reacción primaria ante la contemplación de lo prohibido, si nos es agradable, es estar pendiente de ello para cuándo se vuelva a repetir. En otros términos, "quedarse colgado o colgada". El placer que se siente al atrapar una mente y hacerla funcionar a nuestro antojo es superior al que se pueda experimentar con cualquier orgasmo. Probablemente quién se exhibe de ese modo sea porque, a su vez, tiene otra mente que la domina y precise hacerse de esas voluntades. Para reafirmar la suya.


Otras veces, quizá las que más, lo que se pretende es cosechar sexo a cambio del que ofrecemos. Pero como ir pidiéndolo así, a bocajarro, es rechazable, lo tenemos que disfrazar con mejor o peor tino. En este caso nos vamos a encontrar con páginas adornadas de imágenes sugerentes o explícitas, tanto da, que van acicaladas con textos, propios o ajenos, que procuran ser románticos. No nos engañemos. El destino final, la venta es de sexo y se espera recibir el puro goce sexual. ¿Qué sentido tiene, sino es así, acompañar una imagen nuestra o extraña como a uno o una le o la trajo al mundo o poco más, junto a un texto, pongo por ejemplo, de Salinas, Becker, Benedetti o seguida de la letra de las canciones de Sabina o Joan Manuel Serrat?. Pues símplemente eso. Deseo puramente carnal, que es ni más ni menos, el precio que queremos por ello.


Nada más hay que leer los comentarios que se hacen a las ilustraciones, que no a los textos, de esas páginas y hacerse la siguiente pregunta ¿Los y las visitantes de esas "webs" serían los y las mismas de no existir una imagen gráfica lo suficientemente sugerente y explícita de nuestro cuerpo o el ajeno? Por supuesto que no. Leer detenidamente cualquier texto que acompañe una imagen de esas. Si son de autoría propia, no copiados, son, digámoslo, infumables. No hay quien aguante su lectura. Pero eso no importa, esas páginas tienen y seguirán teniendo su coro de aduladores y aduladoras que, se escriba lo que se escriba, siempre encontrarán el lugar lleno de dulzura, sensualidad y, sobre todo, una fuerza de atracción irresistible. Esos autores y autoras serán los y las que luego clamen, llegada la hora de profundizar en el conocimiento de alguno o alguna de sus habituales, porque sus páginas estén pobladas de cazadores y depredadores en sus versiones masculina y femenina. No creáis que se apartarán ni un ápice de sus técnicas de venta, a fin de cuentas eso es lo que quieren, eso es lo que buscan. Aunque nos engañen. Aunque se engañen.